Me confunde esto de la tradición hacia la muerte; y eso que me considero un tanto “autodestructiva” (debería gustarme el folklore lleno de autoflageladas y demás). Los altares me llenan de vacío (bonita paradoja), nomás de recordar que las almas no regresan por más alcohol, cigarros, guisados y perfumes que se les pongan; un par de años de hacerlo respaldan mi negativa.
Que los mocosos adopten el disfraz de “Halloween”, mezcla mis sentimientos. Por un lado está chistoso el desfile tercermundista de “Fredys”, “Drákulas” (porque son piratas), “Brujas”, “Muertes” y -muy popular éste año- “pederastas” (¡Ah, Michael! ¡Por fin lograste estar entre los niños!). Por otro, es cagante el nivel de protestas, gritos y exigencias; lo que indica claramente que el 90% de estos seres terminarán como manifestantes en futuros Sindicatos Ridículos.
Dado que es día de muertos, me recuerdo que las mentadas ya no tienen justificación: no tengo paciencia, no compro dulces y NO TENGO MADRE. Sonrío y regreso a ver mi maratón de películas de terror chafa. Aplausos.