Presión predominante en los ojos, senos nazales y frente. Calor. Punzadas en la base de la cabeza. Comienza el fenómeno de secretar líquido desde las cavidades oculares, sin que éste sea provocado por alguna irritación.
El esfuerzo por arrojar agua salada hace que todo se enrojezca; mejillas, párpados, nariz. Fluido nasal acompaña al asunto, mientras inevitables gemidos, contracciones del diafragma, los pulmones, las cuerdas vocales y los labios, hacen del cuadro algo lamentable y patético.
Al final (como bien diría Cortázar), una buena sonada y a limpiar los restos con las mangas de la camisa. Alivio. Existe una temporal descongestión en el pecho, acompañada de un sentimiento intenso de resignación o calma. La vista se fija en un punto neutro dentro del espacio. El cerebro se ha quedado en blanco; por un momento se olvida de la razón inicial para el llanto. Parecería que no hubo alguna. No, mentira, ahí vuelve, como ese piquete de mosquito en el punto más incómodo de los tobillos.
Cerrar…a dormir. Soñar toda la noche con asesinatos múltiples, situaciones estresantes, personas a las que ya se ve y no se quiere ver, desconocidos. El cerebro no descansa un carajo. Abrir. Arriba. Manos al rostro. Mirada al techo. Pie izquierdo abajo (olvidando la superstición). Caminar. Frente al espejo, las terribles bolsas que cuelgan de cada uno de los párpados permiten recordar que se ha llorado, que hay asuntos sin resolver, que no había ganas de despertar. Las ojeras informan que no se ha dormido, que se muere de cansancio, que hay que bañarse, disfrazarse, salir a ganarse la vida y evadir todo el tiempo que sea posible.
No he contado nada nuevo. El arte de llorar es un truco viejo, que nunca ha podido explicarse; nadie ha terminado por entender la relación entre el agua salada corporal y el sentimiento (derrota, ira, odio, enojo, abandono, mierda. Usted nombre). Mi inquietud del día la resolví Googleando una duda de antaño, y he aquí la respuesta: “Al llorar, los mismos nervios que estimulan las glándulas lagrimales estimulan también la dilatación de los vasos de la conjuntiva, párpados y tejidos perioculares (que son muy “esponjosos”). Éste mayor aporte de sangre produce el equivalente a una pequeña “inflamación”, y hace que los ojos enrojezcan y se “hinchen”.
Maldita hinchazón de ojos. Gracias, Internet.