mktbabe

Noviembre

In Uncategorized on November 16, 2009 at 11:48 pm

El año se empieza a morir. No sé si soy yo con mis amarguras, o realmente el ambiente en noviembre tiene un pesado y pegajoso olor a nostalgia. En mi tertulia personal tiendo a las terribles recapitulaciones por mes; ansiedad patética. Empiezo con el: ¿qué hice? ¿qué no hice? ¿qué faltó? ¿qué –definitivamente- sobra? Lo cierto (y de lo que no me puedo quejar), es que 2009 empezó con un firme deseo en la cabeza: tengo que tirar mi vida a la basura, y empezar todo de nuevo; por todos lados. Para mi fortuna, se cumplió. Nada tiene ya que ver con mi modus vivendi de hace 10 meses.

Estoy a un mes de cumplir 27 años. Mis recuentos constantes se refugian en una completa egoteca de fotos, en donde ya se empieza a notar el paso del tiempo. Por lo pronto, mis genéticas marcas en la cara se asoman peligrosamente.

Pero ese tipo de frivolidades las relataré 30 días después de hoy. Por lo pronto, estoy a gusto con saber que el año se muere y no terminó por matarme. Aleluya.

Calaverita

In Uncategorized on November 1, 2009 at 12:50 am

Me confunde esto de la tradición hacia la muerte; y eso que me considero un tanto “autodestructiva” (debería gustarme el folklore lleno de autoflageladas y demás). Los altares me llenan de vacío (bonita paradoja), nomás de recordar que las almas no regresan por más alcohol, cigarros, guisados y perfumes que se les pongan; un par de años de hacerlo respaldan mi negativa. 

Que los mocosos adopten el disfraz de “Halloween”, mezcla mis sentimientos. Por un lado está chistoso el desfile tercermundista de “Fredys”, “Drákulas” (porque son piratas), “Brujas”, “Muertes” y -muy popular éste año- “pederastas” (¡Ah, Michael! ¡Por fin lograste estar entre los niños!). Por otro, es cagante el nivel de protestas, gritos y exigencias; lo que indica claramente que el 90% de estos seres terminarán como manifestantes en futuros Sindicatos Ridículos.

Hace 15 minutos taladraron mi puerta con sus cánticos: “¡queremos calaveritaaaaa!”. Después de un rato de insistir, abrí valerosamente para decir que no había dulces. Como no tuve, me asignaron la tarifa correspondiente por “fallar”con mi deber cívico: de 5 a 10 pesos por escuincle. Cerré la puerta. Me gané mentadas.

Dado que es día de muertos, me recuerdo que las mentadas ya no tienen justificación: no tengo paciencia, no compro dulces y NO TENGO MADRE. Sonrío y regreso a ver mi maratón de películas de terror chafa. Aplausos.

Llorar

In Uncategorized on November 1, 2009 at 12:22 am

Presión predominante en los ojos, senos nazales y frente. Calor. Punzadas en la base de la cabeza. Comienza el fenómeno de secretar líquido desde las cavidades oculares, sin que éste sea provocado por alguna irritación.

El esfuerzo por arrojar agua salada hace que todo se enrojezca; mejillas, párpados, nariz. Fluido nasal acompaña al asunto, mientras inevitables gemidos, contracciones del diafragma, los pulmones, las cuerdas vocales y los labios, hacen del cuadro algo lamentable y patético.

Al final (como bien diría Cortázar), una buena sonada y a limpiar los restos con las mangas de la camisa. Alivio. Existe una temporal descongestión en el pecho, acompañada de un sentimiento intenso de resignación o calma. La vista se fija en un punto neutro dentro del espacio. El cerebro se ha quedado en blanco; por un momento se olvida de la razón inicial para el llanto. Parecería que no hubo alguna. No, mentira, ahí vuelve, como ese piquete de mosquito en el punto más incómodo de los tobillos.

Cerrar…a dormir. Soñar toda la noche con asesinatos múltiples, situaciones estresantes, personas a las que ya se ve y no se quiere ver, desconocidos. El cerebro no descansa un carajo. Abrir. Arriba. Manos al rostro. Mirada al techo. Pie izquierdo abajo (olvidando la superstición). Caminar. Frente al espejo, las terribles bolsas que cuelgan de cada uno de los párpados permiten recordar que se ha llorado, que hay asuntos sin resolver, que no había ganas de despertar. Las ojeras informan que no se ha dormido, que se muere de cansancio, que hay que bañarse, disfrazarse, salir a ganarse la vida y evadir todo el tiempo que sea posible.

No he contado nada nuevo. El arte de llorar es un truco viejo, que nunca ha podido explicarse; nadie ha terminado por entender la relación entre el agua salada corporal y el sentimiento (derrota, ira, odio, enojo, abandono, mierda. Usted nombre). Mi inquietud del día la resolví Googleando una duda de antaño, y he aquí la respuesta: “Al llorar, los mismos nervios que estimulan las glándulas lagrimales estimulan también la dilatación de los vasos de la conjuntiva, párpados y tejidos perioculares (que son muy “esponjosos”). Éste mayor aporte de sangre produce el equivalente a una pequeña “inflamación”, y hace que los ojos enrojezcan y se “hinchen”.

Maldita hinchazón de ojos. Gracias, Internet.

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